Mamá de nuevo

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Ser  madre es la experiencia más fascinante y la aventura más inesperada a la que me he enfrentado jamás. Este embarazo está siendo bastante distinto al de Valentina. En mi primera gestación tenía tiempo de ir al gimnasio a diario, ducharme con tranquilidad, descansar… ahora es todo un reto empezar y acabar la semana haciendo ejercicio a diario y encontrar 10 minutos para estirarme. Valentina se pone enferma a menudo, como cualquier bebé que acude a la guardería, y eso repercute en mi estado de salud, concentración y físico. No obstante tengo la suerte de sacar energía de algún rincón de mi cuerpo que ni yo misma sé donde se encuentra.

Aunque hay momentos en que comentarios ajenos  ponen en alerta mis miedos por lo caótico que va ser tener a dos peques en casa, intento pensar que cada persona es diferente y vive la experiencia con similitudes pero con desigual actititud. Sin duda no se como será hasta que pase, pero me repito una y otra vez que debo ser yo misma y buscar, como hago siempre, la sencillez a todo lo complejo. Quiero seguir aprendiendo de las experiencias de hoy y las de mañana como suelo hacer, sin pensar más allá del presente para evitar perderme lo que estoy viviendo. Y aunque se avecine jaleo, son nuevos cambios que debo aceptar por que así hemos querido.

A la pequeña bebé que espero me gusta dedicarle unos ratitos al día. Las clases especiales de yoga para gestantes, en las que a través de las respiraciones intento mecerla (el bebé siente que le meces cuando realizas las respiraciones abdominales, eso me cuenta mi profesora), los masajes en mi barriga aplicando cremas o aceites, los desayunos en los que pienso “esto le encantará” o los 10 minutos al sol con un buen batido healthy lleno de energía, son momentos en los que siempre pienso en ella. Además ahora he incorporado los masajes linfáticos o circulatorios, algo que la vez anterior no hice.

He de confesar que durante este embarazo estoy cuidando mucho más la alimentación, aunque con Valentina también me traté muy bien en este aspecto. Si tengo antojos los satisfago, sin remordimientos.  Evito la gula ingeriendo alimentos a menudo que me sacien y aporten todos los nutrientes que mi bebé y yo necesitamos. Evito todo lo artificial, productos preparados y lavo muy bien las verduras, en fin pongo en mecanismo ¡todo el manual “nutricional” de la embaraza! y los consejso que os relaté en el último post (léelo aquí)

Te confieso que, los ratitos a solas con mi marido son ¡cómo cuando éramos novios! aprovechamos nuestras salidas para reencontrarnos como pareja, cogernos de la mano y hablar… ¡le tengo prohibido el teléfono móvil duarnte nuestras citas! Así que a pesar de que la vida en pareja se reduce, cuando salimos lo disfrutamos y sino estamos en una nueva modalidad, la de familia en la que nos sentimos muy a gusto y nos encanta.

Espero que os haya gustado este post, donde con todo el cariño desnudo mis sentimientos.

C*

EMBARAZO SEGURO, ¡ADIÓS PELIGROS ALIMENTARIOS!

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Odio ser alarmista. No me gusta escribir sobre lo que no debe consumir una persona, pero te confieso que más me duele ver que alguien pone en peligro su bebé sin saberlo.

Meterme en la vida de los demás sin que me pregunten, no es atributo mío. Sin embargo a sabiendas que una gestante vaya a consumir algo peligroso sin percatarse, me resulta imposible morderme la lengua.

Durante los casi 10 meses de embarazo es muy fácil ingerir un suculento bocado peligroso para nosotras, que no debe angustiarnos dado que “lo normal es que no pase nada”, eslogan que me repito una y otra vez cuando reparo en mi error al consumir un alimento arriesgado.

Algunas medidas de seguridad puede librarnos de patógenos peligrosos como la salmonelosis, listeriosis y la toxoplasmosis u otros factores que pueden poner en peligro la salud de nuestro retoño. Por eso dejo a tu disposición unos puntos que ayudarán a proteger tu salud y la de tu bebé.

  • Lava bien las frutas y verduras, aunque provengan de huerta ecológica. Te aconsejo que uses una lejía alimentaria para lavarlas bien.
  • Evitar las carnes crudas o parcialmente cocinadas. Aunque las hayas congelado previamente, pueden contener listeriosis si ha estado en la nevera, dado que esta crece a temperatura de refrigerador. La listeriosis puede provocar aborto espontáneo, parto prematuro e incluso fallecimiento.
  • Debes tener en cuenta que la cafeína traspasa la placenta. Por eso el consumo de café, té y otros excitantes se limitan. ¿cuánto café puedes consumir? 1-2 tazas al día.
  • Ten cuidado con los curados, ahumados o salados. Estos alimentos no son libres de patógenos.
  • Evita los quesos y las leches o cremas que no estén pasteurizadas. Lee bien las etiquetas y si estás en un restaurante, pregunta al camarero y si no lo sabe, tu no dudes… ¡escoge otra cosa!
  • Evita los platos precocinados como lasañas, frankfurts, patés (que no estén pasteurizados…)
  • Los pescados azules grandes, en su justa medida. El salmón, atún, pez espada… estos contienen un alto nivel en metales pesados que se disuelven fácilmente en la grasa y atraviesan la barrera hemato-encefálica y la placenta, produciendo alteraciones neuronales en el feto y en niños de corta edad.
  • El jamón dulce, el pavo… evítalos si hace muchos días que los tienes en la nevera.
  • El alcohol está totalmente desaconsejado dado que penetra en el feto con la misma concentración que se puede encontrar en la sangre materna. ¿Qué consecuencias tiene? Puede llevar a malformaciones, complicaciones en el parto, aborto espontáneo, deficiencias neurodegenerativas…
  • Fíjate en el aspecto de los alimentos y huélelos antes de consumirlos.
  • Limpia la nevera con frecuencia para evitar la supervivencia de patógenos.
  • Evita la carne de caza por su alto contenido en plomo. Este elemento puede afectar en el desarrollo cerebral. No es un alimento totalmente prohibido pero si que se debe limitar su consumo