Septiembre y su esperada rutina

Como hace poco dije en instagram, me declaro fan absoluta de la rutina aunque adoro y necesito el caos del verano para sentirme libre, despreocupada y salvaje 😉

Este verano debo confesar que ha sido uno de los más caóticos de mi vida, con una barriga de 7 meses y un bebé de un año y medio solo deseaba que llegara septiembre para respirar un poco. Lo confieso, no han sido vacaciones (en cuanto a reposo) y aunque este septiembre estoy trabajando mucho, me siento mucho más descansada.

La llegada de la rutina, me ayuda a ver todo más claro, y aunque veáis que hace unos días que no he podido escribir en el blog, se avecinan muchos cambios que he estado preparando en la web y que seguro que os va a gustar. Os adelanto que en breve me tomaré unas semanas de descanso, en las cuales voy a intentar hacer algún post de receta o explicando como me encuentro y enseñando a la pequeña Arianna, pero no prometo nada porque nunca se sabe y a mí me gusta escribir con el corazón y porque me apetece, no porque “toca”.

Respecto a la vuelta de la rutina, no se a vosotros, pero a mi fascina volver a hacer ejercicio y este año siento que mi bebé está tan encajada que no puedo moverme y aún me quedan 5 semanas por delante y echo mucho de menos no poder practicar deporte, algo que con el otro embarazo no dejé hasta una semana antes de dar a luz. Os revelo que caer en la cuenta que quedan 5 semanas y la cuarentena para poder movilizarme a un ritmo “normal” lo veo muy largo. El ejercicio cambia nuestro carácter, nos ayuda a conciliar el sueño, distrae nuestra mente y previene enfermedades y nos hace conectar con nuestro cuerpo. Por otra parte pienso que a mi organismo le está yendo bien una dosis de descanso aunque mi mente grite lo contrario 😉

Como veis a veces también me persiguen las dificultades como a todo el mundo. Se me han presentado inconvenientes para comer saludable, hacer ejercicio, sustituir antojos sanos por no tan sanos, descansar… Todos estos impedimentos para llevar una vida sana que trabajamos tanto en las sesiones con mis pacientes (no solo se trabaja la manera de alimentarnos sino lo que nos rodea y nos impide mejorar).

Y yo, ¿Qué extraigo de todas estas dificultades? aprendizaje. He aprendido a atarme los zapatos de lado y me he puesto en la piel de los hombres que vienen con muchas barriguita y les cuesta movilizarse. He aprendido a comer en restaurantes sorteando verduras crudas, evitando el postre y controlando la cantidad de mi apetito (que en el embarazo se incrementa), me he educado cuando los antojos se pasaban de la raya. He conseguido convivir con la celulitis, ¡ay, madre! Jamás había tenido, ¡ni en el primer embarazo! (ya os contaré como la extermino, porque esta no se queda conmigo). Me he podido poner en la piel de las personas que vienen a verme para que las ayude. He logrado ignorar los platos crudos (tatakis, carpaccios, anchoas, sushi, ensaladas, huevos poché, tortillas cruditas por dentro…) por el bien de mi gestación y son comidas que ¡me flipan!

Por eso, estoy segura que tu también puedes sortear dificultades porque así o veo diariamente en mi consulta. Con un poco de picardía, orden y un buen coaching lo logramos.

Y como todos mis pacientes, ahora soy yo la que tengo ganas de poder comer sano sin pensar que está contaminado, tener unas buenas digestiones, comer raciones un poco más razonables y hacer ejercicio. En fin, que si estás leyendo mi post y no estas embarazada me das mucha envidia porque tu si que puedes hacerlo en cuanto termines de leer estas líneas 😉 puedes empezar cuando quieras pero si realmente lo deseas no lo dejes para mañana, empieza ahora con un plan de acción y actuación.  

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